
Todo apunta a que esa frontera se ha roto y que el régimen ha usado armas químicas, gas sarín según las primeras hipótesis, contra civiles.
De ser así, están dadas las condiciones para una intervención a gran escala en Siria, liderada por Estados Unidos y la OTAN, porque el camino del Consejo de Seguridad de la ONU parece lento para la rapidez que demanda la ocasión.
Dos años de guerra civil y más de 70 mil muertos desde entonces han sido argumentos insuficientes para obligar a Baschar Al Assad a dejar el poder o, como mínimo, abrir espacios democráticos para integrar un gobierno de transición.
Nada ha valido. O por lo menos resultan insuficientes las medidas de presión diplomática y aislamiento internacional a las que está sometida Siria, que en vez de reducir la barbarie, la ha incrementado.
Y una prueba de ello sería el uso de gas sarín a pequeña escala en algunas zonas donde Al Assad ha perdido el control territorial y militar. El poderío aéreo que lo tuvo en posiciones de avanzada hasta hace algunos meses ha perdido parte de su eficacia, y el avance de los rebeldes en ciudades clave podría haber precipitado una salida demencial del dictador.
Las denuncias sobre el uso de armas químicas se hicieron meses atrás, pero la fuente era el ejército rebelde. Eso no daba suficientes garantías de que así fuera y Estados Unidos decidió trazar una línea roja.
La visita esta semana del Secretario de Defensa de EE. UU., Chuck Hagel, a Emiratos Árabes tenía en la agenda la revelación de información sobre el uso de armas químicas en Siria.
No es una coincidencia que dicho anuncio se diera en Medio Oriente, donde la Liga Árabe, hace casi un mes, ya había desconocido al régimen sirio como gobierno legítimo y le diera a la oposición un asiento en dicho organismo.
El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tomó con prudencia las declaraciones de su Secretario de Defensa y con reservas las del Primer Ministro británico, David Cameron, quien corroboraba las de sus servicios de inteligencia sobre el uso de armas químicas en Siria.
Puede que el propio Obama no tenga dudas de un hecho semejante. Lo que sí parece tener claro es que Estados Unidos no se lanzará a otra guerra, esta vez en Siria, partiendo de la base de que el régimen usó gas sarín.
Los costos y los fracasos de la guerra en Irak son un freno de mano para Washington y Obama no ha sido partidario de manejar la política internacional con emociones y bravuconadas.
Eso no significa que todo va a seguir como hasta ahora en la guerra civil siria.
El envalentonamiento de Al Assad ha tenido en la pasividad de la comunidad internacional una macabra justificación y en el contubernio entre Rusia y China una patente de corso para seguir violando todos los derechos humanos y las sanciones de la ONU.
De comprobarse el uso de gas sarín por parte del dictador sirio, a Estados Unidos y a la comunidad internacional no les quedará más remedio que actuar sobre el propio terreno. Y una operación militar a gran escala está a la vuelta de la esquina, con la aprobación o no de Rusia.
Así como Al Assad pasó la línea roja, Obama no dispone de mucho tiempo para cumplir su advertencia.
OPINIÓN
EL PRESIDENTE OBAMA NO PARECE DISPUESTO A ALBOROTAR OTRO AVISPERO CON SIRIA
Por ÁLVARO DEL RÍOAnalista internacional y corresponsal del diario español La Razón en Londres.Está por verse cómo va a reaccionar la comunidad internacional en torno a las evidencias del uso de armas químicas en Siria, pero, sin duda, cada vez es más inminente una acción militar para derrocar al régimen de Al Assad.
Las peticiones de algunas potencias de no aplazar más una acción coordinada contra el gobierno sirio volverán a darse, pero pocos quieren comprometerse con liderarla. La línea roja se ha traspasado y la presión sobre Al Assad será mucho más fuerte, entre otras autorizando la creación de una zona de exclusión aérea que permita bloquear al régimen y ayudar a los rebeldes sobre el terreno.
Han sido los rebeldes sirios, no ahora, sino desde hace algunos meses, los que han insistido a la comunidad internacional de actuar con firmeza y brindando armas para defenderse, pero paradójicamente es Estados Unidos el menos interesado en apoyar una incursión militar. Es inocultable el mal sabor de la guerra en Irak y los costos en Afganistán. Obama no se ve interesado en alborotar un nuevo avispero.
Es prematuro advertir qué posición adoptará Rusia en todo esto, pues hasta ahora ha sido un tapón que evita actuar en Siria. Comprensible si se quiere, dados los intereses estratégicos en materia militar y económica que tiene en la región.
El conflicto sirio se está enquistando y la comunidad internacional se limita a pedir la salida de Al Assad, pero no toma medidas fuertes para obligarlo a dejar el poder. Sin decisiones fuertes, sólo habrá que esperar más muerte.
Fuente: http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/R/regimen_sirio_paso_la_linea_roja/regimen_sirio_paso_la_linea_roja.asp

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